LA LLEGADA DE MER

Corre el año de mil novecientos noventa y dos. Nos encontramos reunidos un pequeño grupo de amigos para dar inicio a nuestro esperado encuentro de “los mensajes de la semana” como era ya habitual desde unos cuatro o cinco años atrás. En aquel entonces Raúl Yépez Balcázar ya era un gran canalizador de los mensajes enviados por maestros y seres de luz que nos brindaban consejo y enseñanza a su través.

Durante unas maravillosas cuatro o cinco y en ocasiones hasta siete u ocho horas, teníamos la oportunidad de preguntar, indagar y buscar respuesta para tantos y tantos interrogantes que en nuestro interior se albergaban acerca de nosotros mismos, de nuestra cotidianidad, pero igualmente sobre el devenir y el transcurrir de la vida universal.

Aquellos bondadosos enviados de la luz respondían pacientemente a cada una de nuestras solicitudes con el amor y la belleza propias de quienes han llegado al entendimiento y la comprensión plenas, una vez se trasciende la franja donde el egoísmo habita.

El saludo de su parte fue tan bello y reconfortante como solía ser.

Habíamos llegado a Mer y Mer había llegado a nosotros.

A través de los tiempos, el Señor Aramu Muro o Mer, el mismo de los Lemures, de los Incas, de los Egipcios, de los Aztecas y de muchos otros, el mismo que habitó tantos nombres, pero en esencia el mismo señor lleno de sabidurías, el gran sembrador de vida y de conocimiento universal y el mismo guardián sagrado del Valle donde la Luna arrebola sus rayos de azul y el Disco del Sol posó sus pétalos dorados, nos fue presentado para saber de su existencia y con ella de su misión.

A partir de ese momento y poco a poco, aquel nuevo amigo comenzó a impartir sus enseñanzas a través de las canalizaciones que de él hacia Raúl.